María Elena Maldonado

Aunque regularmente se acostumbra celebrar el equinoccio de primavera el 21 de marzo, no todos los años ocurre el mismo día, pues los calendarios hacen un conteo de días enteros, cuando los ciclos astronómicos se dan en números fraccionarios, explicó el académico Daniel Flores Gutiérrez, académico del Instituto de Astronomía de la UNAM en un comunicado.

El equinoccio de primavera es el momento que marca el inicio de esa estación y el instante en que el Sol cruza el ecuador celeste, del hemisferio sur al norte, desde nuestra perspectiva en la Tierra. La duración del año en el calendario de 365 días, no coincide exactamente con el tiempo que tarda la Tierra en orbitar al Sol –un año solar es de 365 días y 6 horas aproximadamente–, y debido a ese desfase la fecha de los dos equinoccios varía.

“Conocer los instantes en que se dan estos eventos astronómicos nos hace pensar en los logros del intelecto humano, surgidos de la observación y comprensión del cómo y por qué acontecen los fenómenos de la naturaleza”.

Nuestros ancestros eran unos atentos observadores de ella y de este fenómeno. En Teotihuacán, por ejemplo, si nos colocamos en el arranque de la escalinata principal de la pirámide del Sol, podemos observar en la cima del edificio el surgimiento del Sol, en los días en que ocurren los equinoccios, entre el 19 y el 21 de marzo (equinoccio de primavera)  y entre el 21 y el 24 de septiembre (equinoccio de otoño), de cada año.

La mayoría de las ciudades mayas cuenta con representaciones de sus deidades y el universo mismo, orientadas en base al movimiento del sol y en algunos casos, los edificios marcan su salida en ciertos días del año; haciendo de dichas ciudades verdaderos relojes solares, como en el caso de Chichén Itzá, la cual fue reconocida como una de las 7 maravillas del mundo por su monumentalidad, arquitectura y misticismo. Chichén Itzá es un lugar mágico donde se aprecia el fenómeno de luz los días de equinoccio, cuando el sol se encuentra en el centro del ecuador, iluminando la tierra por ambos lados, en partes iguales, permitiendo que el día y la noche duren exactamente 12 horas.

Los mayas lo desarrollaron a través de la observación y pudieron conocer y darse cuenta de que todo en el cielo era cíclico, es decir que los diferentes movimientos de los planetas se repetían después de cada determinado tiempo; conocimiento que les sirvió para la construcción de sus 17 diferentes calendarios, como lo son el solarlunar, la cuenta corta, la cuenta larga; así como el calendario de Venus -la estrella matutina, el planeta-

En la cultura Mexica tenemos La Piedra del Sol, colosal monolito de 25 toneladas y 3.5 metros de basalto de olivino que sintetiza el conocimiento astronómico que desarrollaron antes de la conquista española, permaneció enterrada por más de 200 años y desde que ocupaba un lugar sobresaliente en la Plaza Mayor ha tenido una gran travesía hasta hoy que ocupa el lugar de honor en la Sala Mexica del Museo Nacional de Antropología.

Y aunque se le ha llamado calendario azteca, no funcionaba como tal, pero si era un símbolo de su concepción y registro del tiempo

El disco solar está representado en esta piedra como una sucesión de anillos concéntricos que contienen diferentes elementos. En el centro se encuentra el rostro de Tonatiuh, dios del Sol, también Presenta rayos y puntas que irradian de su superficie, los cuales marcan las cuatro direcciones y los movimientos del Sol, y en su centro se encuentra el glifo 4 Movimiento (nahui ollin), nombre del Quinto Sol, que fue la era de los mexicas, según datos del Instituto Nacional de Antropología.

El primer anillo principal del calendario azteca hay 20 figuras que representan los días. La cuenta de los días comienza con un caimán y continúa en sentido contrario de las manecillas del reloj. Los días van acompañados de un número consecutivo del uno al trece y de esta forma no se repite la misma figura con el mismo número en un periodo de 260 días.

No sólo observaron, sacaron cifras perfectas para reflejarlo en su arquitectura, su cultura y sus rituales, conocer nuestro extraordinario pasado no da identidad y orgullo. Disfrutemos la primavera y aunque por ahora atravesemos tiempos de guardarse, hagamos planes futuros para apreciar estos centros arqueológicos y apreciar las maravillas de estas culturas.

emaldonadoballesteros@yahoo.es


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