Adiferencia de lo que se pensaba que sucedería como resultado de la crisis económica desatada en el mundo por la pandemia de Covid-19, la moneda mexicana hoy en día luce fuerte. Desde abril de 2020, el superpeso, como ya se le conoce en los mercados financieros, se ha apreciado frente al dólar en alrededor de 17.5 por ciento. ¿A qué obedece este fenómeno?

“En 2020, la tasa de interés en Estados Unidos era de cero por ciento y en México de cuatro por ciento. Actualmente, la tasa de interés allá es de uno por ciento y aquí de siete por ciento. Este diferencial ha estimulado la entrada de capitales financieros en nuestro país. Y con el aumento de la oferta de dólares, la moneda estadunidense se ha abaratado y el peso se ha fortalecido. Ahora bien, el único beneficiario de esto es el sector financiero”, explica Arturo Huerta González, profesor de Posgrado de la Facultad de Economía.

De acuerdo con el economista universitario la alta tasa de interés establecida por el Banco de México encarece el crédito y, al hacerlo, no hay inversión ni crecimiento económico.

“La alta tasa de interés actúa en detrimento de la actividad productiva y de la creación de empleos, e incrementa el costo de la deuda y la cartera vencida. Todo esto confirma la presencia de un contexto de contracción económica y disminución de ingresos de las empresas y los individuos, que no pueden pagar su respectiva deuda. Además, al crecer la cartera vencida se vislumbra una inestabilidad bancaria”, añade.

Crecimiento de las importaciones

En opinión de Huerta González, con el dólar barato se evita que la inflación crezca porque las importaciones se abaratan, pero éstas desplazan la producción nacional; es decir, ante las importaciones baratas, las empresas nacionales no pueden ser competitivas.

Por si fuera poco, con el crecimiento de las importaciones, el déficit del comercio exterior aumenta y entonces se requiere que entren más capitales para financiarlo. El problema es que al atraer capitales con la alta tasa de interés se sigue atentando contra el crecimiento económico del país. Así, tenemos menos industria, menos producción de granos básicos y menos creación de empleos.

“Desde hace décadas, el Banco de México ha optado por abaratar el dólar para bajar el precio de las importaciones y la inflación, pero esto ha sido muy costoso para la gente porque queda desempleada, ¿y de qué sirve una baja inflación si la gente no tiene un empleo y, por consiguiente, ingresos para comprar productos. En realidad, es una mala política abaratar el dólar para bajar el precio de las importaciones y la inflación, porque esta medida frena la actividad productiva y la creación de empleos, y hace que aumente la pobreza.”

En favor de la producción

Desde hace muchos años, el economista de la UNAM estudia todo lo relacionado con el tipo de cambio y ha venido señalando que crisis económicas como la de agosto de 1976 y la de diciembre de 1994 fueron antecedidas por el abaratamiento del dólar.

“Repito: la política de alta tasa de interés y dólar barato atenta contra la planta productiva y el crecimiento económico, incrementa el déficit del comercio exterior y nos pone en una situación de alta vulnerabilidad al depender de la entrada de capitales. Como los anteriores gobiernos, el actual continúa promoviendo la inversión extranjera directa mediante la privatización y extranjerización de la economía para que los capitales vengan al país. Esto nos ha llevado a un mayor endeudamiento externo e interno, y a un crecimiento de la cartera vencida. Y no olvidemos que las carteras vencidas se han traducido en crisis bancarias, como la de 1995, cuando el gobierno, vía el Fobaproa (Fondo Bancario de Protección al Ahorro), rescató a los banqueros a costa de sobreendeudarse. Por cierto, esa deuda la seguimos pagando hasta la fecha…”

Finalmente, Huerta González considera que la política económica del gobierno mexicano no debe actuar en favor del sector financiero, sino de la producción, del desarrollo industrial y agrícola, así como de la creación de empleos.

“Y eso requiere una baja tasa de interés, un aumento del gasto público (la austeridad fiscal ha llevado la actividad económica en el país a los niveles de 2016) y un tipo de cambio competitivo, o sea, se tiene que encarecer el dólar para que la producción nacional se vea favorecida, para que los productos importados no desplacen a los nacionales.”

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