*El plan piloto del Programa, en O/I 2019/20, proyecta que en el mediano plazo la empresa Gruma deje de importar 400 mil toneladas de grano de EU para comprarlo a productores tamaulipecos, afirma el subsecretario Víctor Suárez.

*Se pretende que el esquema sea punto de partida para generar un plan nacional y otros regionales que permitan mantener niveles óptimos de tolerancia de aflatoxinas, a fin de evitar riesgos a la salud humana y animal. El tema se discutirá en el Grupo Intersecretarial para la Seguridad Alimentaria (GISA).

La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) desarrollará en dos mil hectáreas el plan piloto del Programa de manejo integral de maíz blanco del norte de Tamaulipas, que tiene el propósito de lograr que las cosechas mantengan buenas condiciones sanitarias, en beneficio de la salud humana y animal.

El plan piloto del programa está previsto para el ciclo otoño/invierno 2019/20 e implica el manejo y la vigilancia de todas las fases del cultivo: preparación del suelo, selección de variedades, siembra, cosecha y postcosecha (acopio, transporte y comercialización), a fin de garantizar su éxito. Prevé disponer, en el mediano plazo, de aproximadamente 400 mil toneladas con bajos niveles de aflatoxinas, que serían adquiridas a buen precio por la empresa Gruma.

“Con este programa se pretende disminuir la presencia de aflatoxinas en el maíz y sustituir en el mediano plazo la importación de 400 mil toneladas de maíz blanco que realiza cada año Gruma para abastecer sus plantas instaladas en Tamaulipas y Nuevo León, mismas que son productoras de harina de maíz para consumo humano”, afirmó el subsecretario de Autosuficiencia Alimentaria, Víctor Suárez Carrera.

“El plan piloto aspira a ser el punto de partida para contar con programas de manejo regionales y a nivel nacional para prevenir que las aflatoxinas rebasen los grados de tolerancia establecidos en la normatividad”, expresó.

“Queremos abrirnos a todas las posibilidades científicas para enfrentar las aflatoxinas. El programa está abierto a todo conocimiento científico que pueda aportar. Al atacar este hongo, estaremos avanzando en garantizar una oferta de insumos aceptable para la salud humana y de los animales”, agregó.

Desde el mes de julio, la Sader ha promovido tres reuniones entre los participantes en el proyecto y visitas de campo, incluida una visita y entrevistas con expertos en Texas. Ello, a partir de preocupaciones expresadas por agricultores del norte de Tamaulipas y por la empresa Gruma. En esas reuniones se ha dado a conocer que los productores estadounidenses del sur de Texas, vecinos de Tamaulipas, han logrado resolver la presencia de aflatoxinas en grados altos con el uso de antagonistas que inhiben el crecimiento de estos hongos.

Se ha dialogado también respecto del trabajo de investigación y documentación de la presencia de aflatoxinas que el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (Inifap) ha hecho en la zona desde hace 30 años y se ha discutido una serie de fórmulas científicas que pueden enfrentar el problema, incluidas las expuestas por el propio Instituto, el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (Cimmyt) y por Juan José Valdespino, experto que promueve el uso de microorganismos en el suelo como elementos preventivos de la aparición de los insectos que dañan el grano y que permiten el acceso al hongo.

El Programa de manejo integral de maíz blanco del norte de Tamaulipas considera factores precisos que implican el compromiso, conocimiento y cumplimiento de parte de los productores, tales como las fechas de siembra, la realización de tres riegos de auxilio y la vigilancia de la temperatura durante la postcosecha, entre otros.

Las aflatoxinas son un grupo de hongos, como Aspergillus flavus y Aspergillus parasiticus (se presentan en campo o en almacenamiento sobre los granos de maíz fundamentalmente, y en menor medida en otros granos), que pueden resultar perjudiciales para el ganado y el ser humano. El calor y la sequía crean condiciones propicias para la producción de estos hongos.

En México, al igual que en Estados Unidos, las autoridades de salud han establecido como “nivel de acción” el grado de 20 partes por billón (ppb) como lo máximo de contenido de aflatoxinas aceptado en el maíz para consumo humano y 25 ppb para consumo de aves.

En la definición del plan piloto y del programa, promovidos por la Sader, participan instituciones y agentes científicos, de investigación y de sanidad, públicos y privados, nacionales e internacionales, como son el Inifap, el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica), el Cimmyt, la Comisión Federal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM),

Asimismo, la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productores del Campo (Anec), Gruma y organizaciones locales de productores de Tamaulipas.

El subsecretario Víctor Suárez señaló que este tema será parte de la agenda de diálogo del Grupo Intersecretarial para la Seguridad Alimentaria (GISA). “Como Sader participamos en el GISA, que involucra a representantes gubernamentales de diversas áreas como salud, economía, educación, y representantes de la sociedad civil, entre otros. Ese Grupo busca avanzar en un sistema agroalimentario justo, saludable y sustentable, así como en la vigilancia y control de aflatoxinas, que debe ser tarea clave para el grupo”, agregó.

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