Por. – Benjamín Bojórquez Olea.
Salvador Alvarado:
La Salud en Ruinas y el Río de la Vanidad y la Corrupción…
En la tierra que vio nacer a Pedro Infante, la política se ha convertido en una grotesca obra de teatro donde los mismos protagonistas se repiten en cada acto. Salvador Alvarado uno de los 20 municipios que comprende geográficamente Sinaloa no es gobernado, es poseído por una casta que se aferra al poder con uñas y dientes, relegando las verdaderas necesidades de la gente al último lugar de la agenda. La dinastía de Armando Camacho Aguilar y Guadalupe López González ha transformado este municipio en su hacienda privada, donde el desarrollo es solo una fachada y el bienestar de la población una anécdota olvidada.
Las promesas huecas han sido la moneda corriente de esta administración. ¿Dónde está el nuevo hospital general que tanto pregonó Armando Camacho Aguilar? En discursos vacíos, en promesas que se desvanecen en el aire y en la memoria de los ciudadanos que aún esperan atención médica digna. Mientras el Hospital General y el IMSS colapsan bajo la ineficiencia y la desidia, el gobierno municipal se regodea inaugurando obras que solo sirven para la foto y la lisonja pagada. Porque aquí, en Salvador Alvarado, la salud ha dejado de ser un derecho y se ha convertido en un espectáculo donde los únicos ganadores son los que ostentan el poder.
Pero la verdadera afrenta no termina ahí. En medio de una crisis sanitaria devastadora, donde la gente sufre por la falta de médicos, medicamentos y servicios dignos, el gobierno municipal ha decidido destinar millones al embellecimiento del malecón del Río Évora. ¿De qué sirve una obra decorativa cuando la población agoniza en hospitales insuficientes? ¿De qué sirve maquillar la miseria si la esencia del problema sigue siendo la misma? Es un insulto a la inteligencia de los ciudadanos, una bofetada de cinismo disfrazada de progreso.
Los políticos de este cacicazgo aldeano han dejado claro su mensaje: el bienestar del pueblo no es su prioridad. Sus acciones reflejan el desprecio por una comunidad que ha sido condenada al olvido, al rezago y al sufrimiento. Pero la pregunta es: ¿hasta cuándo? ¿Hasta cuándo seguirán los Alvaradenses aceptando este atropello con resignación? Es momento de despertar, de exigir cuentas, de entender que la salud no es un lujo ni un favor del gobierno, sino un derecho inalienable. Y quienes no comprendan esto, quienes sigan apostando por la soberbia y la indolencia, no merecen gobernar.
GOTITAS DE AGUA:
Cada comunidad tiene el poder de decidir su destino, pero ese poder solo existe cuando hay conciencia y valentía para exigir lo que es justo. No se trata de aceptar con resignación la decadencia ni de conformarse con migajas de progreso. Se trata de entender que un gobierno que prioriza la apariencia sobre la vida de su gente ha perdido su razón de existir. La historia ha demostrado que los cambios solo llegan cuando la voz del pueblo se alza con determinación. La pregunta sigue en el aire: ¿seguirán los Alvaradenses permitiendo que se pisoteen sus derechos o finalmente tomarán las riendas de su propio futuro? “Si cierran la puerta, apaguen la luz”. “Nos vemos mañana”…