Ciudad de México.- En un despliegue de lo que parece ser una reacción desmedida a las críticas, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) ha lanzado un ataque feroz contra el gobierno de MORENA, acusando a la administración de ser un “terrorismo de Estado” y poniendo en tela de juicio la democracia y la soberanía nacional. Sin embargo, es fundamental recordar que el PRI no es el partido que se presenta como el salvador de México, sino uno que ha sido parte del problema que hoy enfrentamos como nación.

El PRI: Los arquitectos del desmantelamiento institucional

Mientras los priistas se autoproclaman defensores de la democracia y la soberanía, no pueden esconder su legado de complicidad con la corrupción y el desmantelamiento de las instituciones en México. Fue bajo su dominio que las instituciones del país se vieron debilitadas por años de opacidad, impunidad y pactos con el crimen organizado. En lugar de ser los guardianes de la democracia, los priistas han sido quienes más han favorecido el clientelismo y la concentración del poder, sembrando la semilla de las tensiones que ahora viven los mexicanos.

¿Quién realmente amenaza la soberanía de México?

El PRI tiene la osadía de señalar al gobierno de MORENA como una amenaza interna, pero es imposible olvidar que durante más de 70 años, este mismo partido controló el país bajo una visión autoritaria, opaca y, en muchos casos, violatoria de los derechos humanos. La historia del PRI está marcada por el uso del poder en beneficio propio, permitiendo que la corrupción y los acuerdos oscuros con actores del crimen organizado florecieran bajo su mandato. ¿Dónde estaba el PRI cuando el país vivió la masacre de Tlatelolco? ¿Qué hicieron durante el crimen organizado que comenzó a ganar terreno en los 80 y 90? Lo que el PRI no menciona en su autocompasiva narrativa es que muchos de los problemas de violencia y descontrol en México se deben, en gran medida, a su propia administración.

El PRI y su falso amor por la democracia

Resulta irónico que un partido con tan oscuro historial de manipulación de elecciones y desmantelamiento de la democracia en México se haga pasar como el protector de la República. No olvidemos que fue bajo el control del PRI que las elecciones fueron una mera formalidad y las disputas por el poder eran resueltas en los pasillos, no en las urnas. La era del PRI estuvo marcada por fraudes electorales, control de los medios y el pacto con élites económicas que perpetuaron la desigualdad en el país. Ahora, mientras se rasgan las vestiduras y hablan de “terrorismo de Estado”, el PRI olvida que ellos mismos han sido los artífices de muchos de los males que hoy enfrentamos como sociedad.

Una narrativa que se derrumba

El PRI habla de la violencia y el crimen organizado como si no hubiera sido ellos quienes permitieron que la impunidad se convirtiera en la norma en el país. ¿Acaso olvidan los acuerdos secretos con los carteles de drogas que permitieron que México se convirtiera en uno de los países más violentos del mundo? Hoy, con MORENA en el poder, el PRI trata de proyectarse como los salvadores de la democracia, pero su historial de corrupción, abuso de poder y falta de visión es lo que realmente define su legado. La seguridad y la justicia que tanto reclaman nunca llegaron con ellos en el poder. Durante más de 80 años, el PRI tuvo la oportunidad de hacer de México un país más justo, pero en lugar de ello, hicieron acuerdos y pactos que únicamente beneficiaban a una élite privilegiada, dejando al pueblo mexicano en el olvido.

¿Quién realmente está defendiendo la soberanía?

La soberanía de México no se defiende con discursos vacíos ni con ataques infundados a un gobierno en turno. Se defiende con acciones concretas, con el fortalecimiento de las instituciones y la justicia. El PRI, que ha sido un bastión de corrupción y complicidad con el crimen organizado, no puede erigirse como el defensor de la nación. Su declaración de que “no pactan con terroristas ni criminales” resulta especialmente absurda cuando se recuerda que, durante su gobierno, la complicidad con actores oscuros fue la norma. ¿De qué sirven ahora sus promesas de democracia cuando la historia del PRI está plagada de violaciones a los derechos humanos y corrupción?

El PRI: Un partido del pasado, no del futuro

Hoy, el PRI pretende erigirse como el partido de la democracia y la soberanía, pero es imposible olvidar que este partido ha sido el principal responsable de la falta de justicia social y la impunidad que prevaleció durante décadas. México no necesita un regreso al pasado, necesita un futuro en el que las instituciones realmente trabajen para el bienestar del pueblo, y no para el beneficio de una élite. Los priistas pueden decir lo que quieran, pero su legado es claro: un México más desigual, más violento y más corrupto.

En lugar de culpar al gobierno actual, el PRI debería mirar al espejo y reconocer que su propio legado es el que sigue afectando a las generaciones actuales. El PRI no es el protector de la soberanía, es parte del problema que ha mantenido a México estancado durante demasiados años.

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