Entre el feminismo y el pseudoperiodismo : un filtro de criminalización

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Primero Editores / Juan Francisco Almazán Baeza

Las marchas suscitadas el día de ayer en diferentes puntos de la entidad mexicana han generado una serie de polémicas en cuanto a opinión pública. Mensajes que justifican el calificativo de vandalismo para emitir comunicados de odio, incluso racismo o rechazo total a los movimientos feministas de la ciudad.

Si hay algo que abordar de manera precisa, es el frente que hacen los medios al marco. Medios de comunicación que encuentran a su público objetivo principalmente en las plataformas digitales, que si bien omiten el compromiso de sensibilidad, se olvidan de la responsabilidad ética (argumento clave para poder ejercer un trabajo periódico pulcro y neutro).

La polémica prácticamente se ha adueñado de aquel que busca emitir el juicio y aún peor, el criterio se ha quedado de lado y algunos periódicos digitales en particular emiten juicios meramente ordinarios, sin argumento y dejando un lado la veracidad del asunto.

Lo anterior no es lo realmente grave, lo horroroso es que se deja a un lado la responsabilidad del mecanismo comunicacional, esa que trasciende en la redacción de cualquier medio. Se olvida que el que informa tiene un poder de impacto para forjar opinión pública en sectores sociales que confían en una verdad arraigada por el prestigio o inmediatez de la labor periódica.

El vínculo del medio se ha dañado, no se pueden dejar de lado las virtudes profesionales de una de las herramientas más sagradas en cuanto a acción social. Pues el compromiso debe ser vigente hasta en las peores circunstancias.

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Si bien, las marchas y movimientos feministas del día de ayer han sido descalificados, los medios han sido factor para que el lector le dé forma a un juicio que sostiene a partir de lo procesado.

En otras palabras; el ciudadano tiene necesidad absoluta de respeto y derecho a la verdad, a lo que trasciende, a lo meramente importante. Mientras que el medio, al perder imparcialidad, compromiso informativo y objetividad, se convierte en un objeto apaciguador de masas, un cáncer poderoso para descalificar inconformidades y multitudes familiarizadas con la resistencia, exigencia y lucha diaria.

Un asunto, sin duda preocupante, pero que se debe de abordar.

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